La mejor medicina es la prevención, sobre todo en la población infantil. Es muy importante poder identificar las alteraciones a una edad temprana para poder corregirlas con éxito, y así prevenir futuros problemas del organismo, como patología de la columna, de rodilla, etc …

El niño al nacer presenta un pie no preparado para soportar carga y con un tejido esquelético en fase de formación, así como un estado muscular y neurológico inmaduro. A medida que vaya creciendo, pondrá en marcha unos esquemas aprendidos mediante la repetición de gestos, más los factores anatómicos hereditarios.

Habrá por tanto, que evaluar en cada etapa de crecimiento, las posturas que va adquiriendo, y los ejes anatómicos, para modificar y corregir si es necesario.

De los seis meses al año, no es aconsejable forzar los primeros pasos del niño, ni hacerlo durante mucho rato.

Hasta que el niño no camina no debe calzar, sólo proteger con calcetines o zapatos blandos que no impidan el libre movimiento del pie y el rápido crecimiento de este.

De los dos a los tres años, es cuando se considera la edad óptima para realizar las correcciones de las alteraciones funcionales de los pies.

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